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lunes, 14 de marzo de 2011

PESCANDO LENGUADOS EN LA PLAYA GRANDE DE HUASCO : Colaboración de Patricio Cortés-Monroy




Por estar cerca del pueblo y tener fácil acceso, la Playa Grande es una playa muy visitada por la gente de Huasco, para descansar, bañarse, jugar a la pelota, o simplemente mirar. Por lo mismo, podría asociarse con contaminación de la playa, de las aguas y en consecuencia nulas posibilidades de pesca. Nada más lejano a la realidad, incluso yo mismo he visto corvinas coleando en medio de los bañistas. Situación que cuesta comprender es que la gente no las vea, pero ahí es donde los pescadores debemos tener claro cuál ha sido nuestro proceso de aprendizaje, no tan solo el aprender a encarnar el anzuelo, a lanzar, o a elegir la mejor parte de la playa, sino que además hemos aprendido a tener un ojo entrenado que se dé cuenta de cualquier alteración en la superficie del agua. Otra situación especial es que en general la zona sur de la Playa Grande es más bien plana, por lo mismo muy apta para bañarse. La zona Norte sin embargo presenta una buena cantidad de pozones, especialmente a partir del sector llamado “Trecho Verde” hasta la el final de la playa, pasado la desembocadura del río Huasco hacia el Norte.



Playa Grande en sector del Faro, en general se observa plana


El experimentado pescador Patricio Cortés-Monroy visitó hace poco la zona Norte de la playa y nos relató su experiencia, que transmitimos a continuación para nuestros lectores : "El 16 de Enero pasado decidí ir a pescar al final de la Playa Grande. El día antes le había preguntado al conocido “Pestaña” que lugar me recomendaba, y me indicó que pasado la desembocadura hacia el Norte. Partí rumbo a Punta Blanca, donde dejé el vehículo. A continuación trepé las dos dunas que separan el camino de la playa. Cuando finalmente llegué a la cumbre de la última duna, estuve tentado en intentar en la pequeña playa de Punta Blanca, la siguiente de la Playa Grande hacia el Norte. No obstante, mi intuición me llevó directo hacia el otro lado, el final de Playa Grande. Como ya eran pasadas las 09:30 horas, me apuré en bajar y me instalé a unos 50 metros del final de la playa, frente a un bonito pozón, que se destacaba por su intenso color verde y porque las olas al llegar a esa zona se diluían, creando una leve turbulencia en la superficie.

Hice un primer lanzamiento y al instante sentí una tomada mientras recogía, hice la debida cuenta hasta 30 y clavé, pero no había nada. Tal vez fue un huiro, pensé, pero volví a lanzar al mismo lugar. Mientras recogía, sentí un peso en la línea y solté el freno. Esta vez sí que tenía que ser un lenguado. Bajé la puntera y conté hasta 30, tensé levemente la línea y clavé.

Esta vez si que había un lenguado. No muy grande, pero igual salvaba el almuerzo. De unos 40 cms, resultó ser más chico que lo que parecía por la lucha que dio.

Donde hay uno, hay otro dicen, por lo que volví a tirar a la misma zona. No alcancé a recoger mucho, cuando sentí una violenta picada y una corrida hacia adentro. Este era grande, no había dudas …. Conté nuevamente y tensé con cuidado la línea, no podía cometer ningún error. Cuando clavé, sentí inmediatamente que era un lenguado grande. Me costó más de 15 minutos sacarlo, aprovechando varias olas consecutivas, y sin perder la tensión de la línea en ningún instante, me armé de paciencia hasta que lo saqué. El “Rene”, que andaba pescando corvinas un poco más allá, se acercó para ver mi captura y aproveché para inmortalizar en una foto la extraordinaria pieza."



Patricio Cortés-Monroy con una excelente pieza de 5 Kg, capturada al final de Playa Grande.


Reportaje : Jorge Thomas

Fotografías digitales : Jorge Thomas - "Rene"

Relato : Patricio Cortés-Monroy





Nota del Editor : Esta es la primera colaboración de una serie de reportajes que reflejen las experiencias de nuestros lectores. Esperamos publicar próximamente otros reportajes.

Editor : Jorge Thomas




lunes, 22 de marzo de 2010

PESCA DE LENGUADOS : ¿DÓNDE ESTÁN LOS GRANDES?


El día Viernes 19 de Marzo en Huasco el mar estaba tranquilo, pero siempre cabe la posibilidad que se descomponga al día siguiente.

Con esa posibilidad rondando, no quedaban muchas alternativas. Por lo mismo, el Sábado 20 decidí ir a Caleta Totoral. La baja estaba prevista para las 7:00 hrs, cita imposible de cumplir. Como mucho podría estar en el agua pasadas las 8 de la madrugada.

Me preparé días antes consiguiéndome pejerreyes, pero sin renunciar a pescar con mosca. Como ninguna salida solitaria anterior, hace días me preguntaba ¿y dónde estarán los lenguados grandes?, porque si bien es entretenido pescar aunque sean chicos, un lenguado grande y luchador aporta la adrenalina que un pescador necesita para vencer el sacrificio de madrugar.
¿Y quién me saca la foto si pesco algo grande?, me preguntaba. Y yo mismo me contestaba que esa posibilidad no se daba hace mucho, y no tenía por qué darse ahora. y si pasaba, seguramente preguntaría ..¿y dónde está el fotógrafo?

A las 8 de la madrugada estaba en Caleta Totoral. Otra vez tenía la playa para mí solo. El mar no estaba muy tranquilo y decidí una vez más partir con mosca. Para esto elegí el siguiente equipo :

Caña mosquera G.Loomis Nativerun 8WT GLX, de 9’
Carrete Fin-Nor N°2
Línea mosquera Teeny TS 350, con leader de 0,40 mm.
Mosca con 2 anzuelos en tándem, diseñada por mí y que imita una sardina

Exploré toda la playa hasta donde era posible, ya que el sector de más al Norte para variar estaba muy peligroso. Recorrí varias veces los pozones hasta que como a las 9:30 hrs logré enganchar un lenguado, que dio batalla como si fuera grande. Igual lo trabajé un poco y con ayuda de la ola lo saqué a tierra para la tradicional foto. Era un sano y robusto lenguado, que la luchó como adulto a pesar de no medir más de 35 cm y que fue devuelto al mar.


Y en este punto quiero hacer una reflexión: La pesca con mosca en el mar tiene serias limitaciones, sobre todo si no te puedes meter al agua, o no tienes una línea más apropiada como son las Shooting Tapers. Pero por otro lado, a diferencia de la pesca tradicional, por más pequeño que sea el lenguado, siempre será posible sentir la tomada de la mosca y la lucha será directa, ya que el carrete no cumple una gran función más que almacenar la línea. En la pesca con mosca no existen las dudas ¿será un lenguado, o será que pasé a llevar un huiro?. Aquí se siente cualquier picada, por muy sutil que sea, ya que no hay interferencias.

Entre el pescador y el pez, solo existe la línea.

Y es por esto que siempre busco primero con mosca y después, si el mar se pone malo, sigo con equipo tradicional, ya que con equipo mosquero será imposible lanzar tan lejos como se requiere.

Pasaron las horas y llegadas las 10:30 hrs el mar estaba tan golpeador que los lenguados debieran haberse corrido más adentro, donde no los golpearan las piedras que arrastraba la corriente. A todo esto, ya habían pasado 3 horas y media después de la baja. Por esto, decidí cambiar a mi fiel equipo de mar :

Caña Berkley Graphite Cherrywood, de 9’
Carrete rotativo Ambassadeur 6500A
Hilo multifilamento Sufix, de 0,32 mm
Armada de 0,50mm, de 1 pejerrey, con plomada de 50 gr

Recorrí varias veces la playa llegando hasta el final. Al igual que la semana pasada, a medida que se acercaba la marea alta, el mar se ponía cada vez más hostil.

Recién a las 12 hrs enganché mi primer lenguado con carnada. La captura la logré lanzando lo más lejos posible, montado en los montículos de piedra formados por la fuerte correntada y recogiendo a velocidad moderada, aprovechando la corriente en contra. Era tan fuerte la corriente que se sentía como un picotón, pero en realidad era la corriente inversa previa a la formación de una gran ola.


Con este escenario, la cantidad de picadas falsas fue muy grande, hasta que logré dar con un pozón en que un lenguado fue a cazar mi carnada y casi no fue necesario contar, ya que arrancó inmediatamente. Igual lo esperé unos segundos y después lo clavé. Dio una bonita lucha. Era como de 30 cm, posó para la posteridad y se devolvió para la casa.

Donde hay uno, hay dos, como dice Patricio Cortés-Monroy así que lancé donde mismo y saqué otro lenguado del mismo porte y como era amigo del anterior, también lo mandé para la casa. Ya eran las 12:10 hrs.


Me corrí más hacia el sur y lancé nuevamente; el reloj marcaba las 12:30 hrs. Muy cerca de la orilla, en un profundo pozón sentí un picotón y después unos pequeños tirones, seguidos de calma. Le dí un poco de tiempo y clavé. Sentí inmediatamente la pequeña lucha de un lenguado menor.

Pero la verdad, nunca pensé que fuera tan menor. Le saqué una foto posando al lado de mi mano. El lenguadito, que apenas sostenía el anzuelo en el labio, midió 17 cm. Después de la foto oficial, lo mandé para la casa por agrandado.

A las 12:40 hrs enganché otro, que picó sutilmente, colgándose de la armada y procesando el pejerrey con toda calma. Esperé unos segundos y le mandé la clavada. Un lenguado al otro lado se retorcía buscando su libertad. Tenía como 35 cm, pero no dio mucha batalla. Después de un rato y previa fotografía de rigor, lo mandé para la casa por fome.


La pleamar era a las 13:25 hrs, por lo que el mar estaba cada vez más agitado.

Hice una pausa y me senté entre las piedras a descansar. El mar estaba tan malo que no valía la pena insistir. Además el viento empezaba a asomar. Descansé algunos minutos y aproveché de cambiar la armada poniendo un anzuelo un poco más grande y un pejerrey de mar, sin cabeza y sin guata, que embarrilé minuciosamente con elástico rojo en el símil de cabeza. Mientras lo hacía, volvía a pensar ¿dónde estarán los lenguados grandes? ¿será que hay que meterse en bote y pescarlos en la zona anterior a donde se forman las olas?

Y en esa disquisición me encontraba cuando inesperadamente se produjo un instante de calma que me hizo parar como un resorte, meterme al agua y lanzar lo más lejos que pude, para luego salir arrancando de la ola que se aproximaba amenazante, como un tsunami....

Logré subir gateando a uno de los tantos montículos de piedra y empecé a recoger, y transcurrido unos segundos sentí como una succión de la línea. Me tomé el tiempo y solté el freno, bajando la puntera de la caña.

Al cabo de un instante, con la mano tensé levemente la línea hasta sentir unos tiritones al otro lado. Le di un poquito más de tiempo y empecé a recoger con la mano hasta sentir la tensión de la línea. Seguían los tiritones pero eran bastante fuertes. Seguí con la línea levemente tensa hasta que sentí que el lenguado arrancaba unos metros hacia adentro y luego otros metros más. Le di toda la línea que me pidió y volví a tensar con la mano, para después reponer el freno y tensar.

Pegué entonces la clavada violenta, olvidando que el multifilamento no tiene memoria y no necesita tal acción (el multifilamento no se estira).

Y vino la arrancada violenta hacia adentro. Ajusté el freno para no forzar tanto la pesca y apliqué los conocimientos de pesca con mosca, en el sentido de no perder el control, dejando que el pez sacara la línea que quisiera igual que un volantín, sin perder la tensión.

Después de varias arrancadas, en las que el freno del Ambassadeur 6500 llegaba a zumbar, pude aproximarlo un poco a la ola. Nunca asomó a la superficie, de modo que si bien sabía que era más grande que los que había sacado antes, tampoco me hacía muchas ilusiones, ya que la corriente suele distorsionar el efecto tamaño.

Así las cosas, montado en una ola llegó a la orilla, pero al acercarme volvió a arrancar y le di línea manteniéndola tensa. Después de unos 10 minutos creo, logré acercarlo a la orilla. Medía unos 58 cm y se notaba robusto y bien alimentado; le calculé unos 3 Kg. Se había tragado la carnada hasta atrás Nicolás…

Lo retraté junto a la caña para la posteridad



Y me quedé contemplándolo. Por el tamaño,era un especímen de entre 3 y 4 años, de un color extrañamente pálido, seguramente vivía en un fondo arenoso en el tono. Sus ojos tornasolados esta vez no me conmovieron.

Obligado a llevárselo pensé, al tiempo que miraba para todos lados a ver si alguien compartía mi hazaña. No habían ni pájaros en la playa. Parece que andan todos con síndrome de tsunami.



Y ahí me acordé de la foto. ¿quién me sacaría la foto con el lenguado? Me dio lata ir al caserío de la caleta a pedir que alguien me sacara una foto, así que me retiré del estadio, como dicen por ahí cuando alguien mete un golazo.

Decidí entonces sacarme yo mismo la foto. Y como el mecanismo de la cámara no es muy apropiado para un autorretrato, pido las disculpas de rigor por la calidad lograda.

Nunca esperé en una misma jornada de pesca sacar el lenguado más chico de mi vida, junto con el más grande.



Son los contrastes de una salida de pesca que quise compartir con los cibernautas para hacer notar que la pesca, igual que la vida, está llena de detalles y que finalmente la perseverancia se transforma en experiencia.

Experiencia para afrontar nuevos desafíos, ....

experiencia para enfrentar la vida…

Jorge Thomas
Editor
Crónica y Fotos

martes, 16 de marzo de 2010

PESCANDO LENGUADOS EN LA CORRIENTE


La playa de Caleta Totoral es de aquellas que pasan por calmadas cuando es lo menos que tienen. En efecto, es de aquellas playas en que la pendiente desde la orilla hacia adentro es muy pronunciada. Por esto es que de lejos se ve con una pequeña ola y pasa por tranquila.

No obstante, cuando uno se acerca a la orilla podrá darse cuenta que salvo en el sector Sur, donde domina la arena, el resto presenta una fuerte pendiente. Cuando el mar está bueno, las condiciones de pesca son ideales, buena profundidad, casi toda la playa es un sólo canalón, o a veces hay pozones de orilla muy próximos unos de otros.

Pero cuando hay cambio de marea, prácticamente hay que salir arrancando. En el sector Norte con marea alta y el mar regular, hay que pararse a pescar sobre los montículos de piedra que forma la corriente frente a los pozones. El meterse al agua es un riesgo innecesario.

Como me habían advertido que el mar estaba muy golpeador el día antes, el Sábado 13 de Marzo partí hacia Caleta Totoral no con muchas esperanzas. Los recuerdos de la alerta de tsunami del día 10 de Marzo en Huasco, agregaban una pizca de nerviosismo extra.

Llegué a la playa justo dos horas y media antes de la alta, a priori condición no muy favorable para el lenguado. A medida que se acercaba la alta, el mar se ponía cada vez más golpeador. Partí con equipo mosquero constituido por caña G.Loomis # 8 y línea floating Sage #10, no obstante, la fuerte corriente no dejaba trabajar la línea.

Cambié entonces a línea sinking TS350 y pude obtener un mejor control de lanzamiento y de la recogida. A pesar de ésto, no tuve ninguna tomada, solo falsas picadas de huiros. Como no quise arriesgar a que mi línea se enredara en un huiro XXXL como los que circulaban de Sur a Norte, decidí cambiar a equipo tradicional.

Para pesca tradicional utilizo una caña Berkley Cherrywood, de 2.70 m y carrete Abu Ambassadeur 6500A, con multifilamento de 0.32 mm. Por último, como carnada pejerrey de río en una armada de un solo anzuelo y plomo de 50 gr.

Eran ya las 13:30 horas cuando retomé la pesca, faltando casi cuatro horas para la baja, pero el fanatismo pudo más y me dispusé a lanzar en el sector de piedras más cercano al sur, ya que no se por que motivo, los lenguados en esta playa prefieren la zona de mayor corriente.

El recién salido sol permitía distinguir los sectores de arena, de un marcado verde esmeralda de aquellos más oscuros que albergaban los huiros en el fondo. Traté de dirigir mis lances hacia el límite de la arena y los huiros para después recoger pausadamente aprovechando la fuerte corriente hacia adentro.

Por los pozones existentes, la iluminación y lo revuelto del mar, era claro que tenían que haber lenguados. No obstante, ni una picada, solamente huiros. Eran como las 14 horas cuando sentí una picada y bajé la caña para permitir que el lenguado se tragara el pejerrey, pero un tirón violento interrumpió el conteo.

Al principio me entusiasmé pero al instante me dí cuenta que un enorme huiro se había enredado en la línea, muy cerca de la orilla. Aprovechando una fuerte ola, pude arrastrarlo a la orilla y mientras lo desenredaba, sentí que algo se llevaba la línea hacia adentro. Me apuré en desenredar el lío y empecé a recoger....

Era otro huiro pero más chico, pero igual sentía algo que luchaba.

Al recoger otro poco pude ver el huiro que venía ......

Y un poco más atrás venía un lenguado no menor, de 35 cm. Con la historia del huiro se había tragado el anzuelo hasta los alamitos ....


Bonito lenguado de 35 cm, pescado con pejerrey

Después de la cirugía para sacarle el anzuelo, lo fui a lavar y cooperé, porque con un fuerte salto se despidió con la fuerte resaca.

Me corrí hacia el sur y la corriente y el viento que se asomó, impedían meterse al agua. Como a las 14:40 horas en un pozón de fuerte corriente sentí el fuerte picotón y a pesar que conté, sentía claramente como el lenguado estaba procesando el pejerrey. Lo aguanté un poco y lo clavé.

Me sacó un poco de línea y siguió luchando por unos minutos. Parecía grande por lo que lo aguanté y aproveché la ola para sacarlo a la orilla. Dio buena pelea para ser un lenguado de 42 cm.



Bonito y robusto lenguado, criado en las fuertes correntadas. Midió 42 cm, pero luchó como de 60 cm.


Y cuando le estaba sacando la foto, los ojos que me parecieron amarillos, se desplazaron hacia atrás como mirando la cámara que se acercaba. Puesto que no había observado antes este comportamiento algo me hizo click y como tampoco era grande, lo devolví. Al ponerlo en el agua y soltarle la cola, dio un pequeño salto hacia afuera del agua antes de perderse en mar, cuyo color para el lenguado se transformó en verde esperanza.


Los vivaces y amarillos ojos de este ejemplar, ganaron mi respeto, y su libertad.


Devolviéndome hacia el Sur, enganché otros dos lenguados más, como de 30 cm, que gustosos se fueron de vuelta al agua.

En total, pesqué cuatro lenguados aunque el último salió a las 16:30 horas, justo en la baja. Teóricamente era la mejor hora para seguir pescando, pero el viento y la fuerte corriente no opinaban lo mismo.

Finalmente casi por reflejo tiré una vez más y recogí rápidamente. Y ahí me dí cuenta que las capturas habían sido cinco ....



En efecto, enganchado en la carnada venía un pequeñín que no se que era exactamente, pero parece un tomollo, de unos 4.5 cm de largo.
Como conclusión, después de tantas jornadas de verano sin éxito, parece que lo mejor es pescar sin turistas, y ojalá en vísperas de tsunami, con la playa para uno solo...

Jorge Thomas
Editor
Crónicas y Fotografías



miércoles, 6 de mayo de 2009

EL LENGUADO DE CUATRO OJOS

En un soleado día de Noviembre del año recién pasado, en el que el mar estaba extrañamente quieto, hice una de las mejores pescas desde que estoy en la zona.

Ese día llegué a la playa de Caleta Totoral con mi caña Silstar de 10 pies y mi carrete rotativo ABU Ambassadeur 6500 A. A las 8:30 ya estaba pescando; el mar estaba bajando y dejaba ver claramente el primer escalón en la arena. Me instalé frente al árbol caído, donde la orilla es de ripio y algo de arena, y lancé mi armada de un pejerrey. Por más que lancé, no pasó nada hasta cerca de las 10 de la mañana, casi ya en la decepción.

Sentí un picotón y después un peso sobre la armada. Dejé libre el freno del carrete por unos segundos y después clavé. Al otro lado, sentí una fuerte lucha y con ayuda de las pequeñas olas pude sacar mi primer lenguado, de un color beige, con manchas de color más oscuro.




Unos minutos después saqué otro y otro, hasta completar 9 lindos lenguados, todos con la misma tonalidad, debido a las características del fondo en que se encontraban.

Como la pesca se puso lenta, me corrí hacia la playa de arena, sector que normalmente tiene mucho huiro, pero aprovechando el buen clima me atreví a lanzar.

Al recoger sentí un fuerte tirón y solté el freno. Esperé unos segundos y clavé, pero enseguida noté que era un huiro. Al llegar a la orilla, efectivamente constaté lo anterior. Me quedó la duda si aquel tirón fue un huiro movido por la corriente, o de verdad había un lenguado rondando que picó y soltó, para después enredarme con el huiro.

Lancé el último pejerrey que me quedaba y empecé a recoger lentamente. Sentí un tirón similar al anterior, y luego otro. Tiene que ser lenguado, pensé y bajé la puntera, solté el freno, y conté hasta 20.

Tensé el nylon y clavé. Ahora si traía algo, pude sentir claramente la vibración de la lucha. Aprovechando la ola pude sacarlo a la orilla y me sentí observado, ya que la tonalidad especial y sobre todo el diseño de las manchas ovaladas del lenguado, de fondo amarillo con un círculo central negro, asemejaban un par de ojos extras en la espalda.

Me pareció tan simpático que lo devolví, ….. ¡para ver si otro día lo pesco de nuevo!.

miércoles, 11 de marzo de 2009

PESCA DEL RECUERDO EN CALDERA


Revisando unas antiguas fotos, encontré las de unas vacaciones soñadas en la ciudad de Caldera, que me pareció importante compartir.

Corría el año 1988 y organizamos con mi familia unas vacaciones en la localidad de Caldera, que yo no conocía, salvo por los excelentes comentarios de pesca que me llegaban.

Me enteré que existían algunos pescadores artesanales que sacaban a pescar a los turistas en bote. Y así fue como llegué a la casa de Don Héctor Valenzuela, curtido hombre de mar y conocido más que por ésto, porque no tomaba alcohol y porque pescaba solamente con Rapalas, o con carnada. Normalmente era el que más pescaba y con seguridad el que más sabía del mar. Además el mismo construía sus botes, o hacía embarcaciones a pedido.

Fue así como salimos varios días a principios de Marzo de ese año, a eso de las 5:30 de la mañana, y alternamos la pesca entre trolling, anclado y a la deriva. Esos días la pesca estuvo buena, pero nada extremadamente grande. Alternaron los Cascajos, los rollizos, alguna vieja roja, algún Apañado y la tradicional Cabrilla que siempre salía al trolling.

A la cuarta salida de pesca, quedamos de juntarnos como siempre a las 5:30 de la mañana. Pero las levantadas temprano me pasaron la cuenta, y cuando desperté ya eran más de las 7 de la mañana. Salí disparado por si acaso hubiera alguna remota posibilidad de salir de pesca, y más bien para dar explicaciones a Don Héctor.

Lo encontré sentado en la cuneta, con el motor fuera de borda al lado y fumándose un pucho. Luego de dar explicaciones, Don Héctor apuró la causa y nos fuimos raudos al muelle de Caldera.

El día estaba más bien feo, con una abundante nubosidad. Emprendimos rumbo y solté la Rapala Magnum Silver, de 18 cm, antes de salir de la bahía. Casi inmediatamente, sentí una parada en seco. ¡Corvina! gritó Don Héctor, y a continuación paró el motor.

Mi carrete Ambassadeur 7000 tenía el freno regulado para unos 10 Kg y no obstante, el zumbido del carrete ponía en evidencia que sacaban y sacaban nylon. Fue una pelea de más de media hora. Me paré para ver que era lo que traía y de a poco empecé a distinguir una potente silueta plateada que se retorcía en las profundidades.

¡¡Era corvina!!. Una linda corvina que pesó 12,5 Kg y midió 1,15 metros y que recuerdo con mucho nostalgia, porque está grabada como la primera pesca "de verdad", o "de cierto" como dicen algunos lugareños.

En Mayo de 1989 llegó mi hijo Jorge a la familia, y lo incorporamos al año siguiente a las vacaciones. Fuimos 5 años consecutivos a Caldera.

Lo que me enseñó Don Héctor Valenzuela, me sirvió años después para yo mismo poder decidir donde buscar las corvinas, como detectar las sierras y también cuando decidir irse para la casa cuando el día se ve malo. Pero no sólo me enseñó de pesca y de mar, también aprendí de él la forma de ver la vida, de convivir con la naturaleza, de vivir en armonía. Su particular filosofía, primitiva pero sabia, me enseñó a ver las cosas de forma diferente.



A Don Héctor lo vi por última vez el año 1994. Años después pregunté por él y alguien dijo que estaba muy enfermo y se había ido a Copiapó.

Uno piensa que las vivencias se diluyen con el tiempo, pero creo que aquellas importantes quedan y pasan a ser amistades, más que recuerdos. Han pasado tantos años sin saber de Don Héctor y las fotos me hicieron recordar que fue muy importante para mí.

Recuerdo una ocasión en que estábamos pescando merluzas con carnada, a unos 100 metros de profundidad y Don Héctor fumaba y fumaba un pucho tras otro, y sacaba merluzas, también una tras otra. Fue ahí que acuñó su célebre frase..."un cigarro, un Pescado; un Pescado, un cigarro"

Querido viejo, estés donde estés, debes estar preparando las rapalas para la pesca de tu vida. A lo mejor el Padre Negro quiere ir a navegar contigo.


Jorge Thomas
Editor

sábado, 21 de junio de 2008

CUANDO LAS CORVINAS NO QUIEREN...

Playa Tontonado, sector denominado "Las Corvinas", una excelente oprtunidad para las "cola amarilla"



A muchos de nosotros nos ha pasado que sobre todo en estos meses de invierno, esperamos que el mar mejore y seguimos esperando, y cuando se nos presenta la oportunidad, emprendemos el rumbo a la Playa, detrás de la especial corvina, o "cola amarilla" como le decimos aquellos que les tenemos un especial aprecio.



En mi caso, el aprecio y la consideración es casi como el que les tengo a las truchas; con la diferencia que a las truchas las devuelvo al río, y con las corvinas, no se puede.

Se presentó la oportunidad el Sábado 14 de Junio pasado, día en que después de unos días muy malos, el mar misteriosamente se arregló. Decidí entonces partir rumbo a Los Bronces, sector que me parece es de lo mejor que existe en Huasco para las corvinas, porque a diferencia de otros lugares, en los que entran y salen, aquí, siempre hay.

Los Bronces, sin embargo, no es muy visitado, básicamente porque el camino es muy malo y porque las playas están abiertas al viento, de modo que un día en que haya un viento moderado en otra playa, aquí será fuerte. Además, si el mar está malo, no hay ninguna otra alternativa que devolverse a Huasco.

No obstante, partí aquel Sábado muy temprano, porque la llena era a las 7 de la mañana. Recorrí los 62 Km desde Huasco en 45 minutos y seguí con la camioneta hasta la Playa Tontonado (o Huevonado, como fue rebatizada recientemente), instalándome en el sector de "las corvinas", una playa de gran pendiente y orilla de bolones, en la que la resaca hace sonar las piedras cuando las arrastra. A pesar que tiene bolones en la orilla, presenta sectores de arena más adentro, aunque tiene mucha traba en el fondo.

He visto sacar en esta playa corvinas con chispa de metal blanco, y con nape. Precisamente cuando llegué, habían tres pescadores de Huasco; el "pestaña", el "pelao" y el Misael, que viven de la pesca. Me contaron que habían llegado el día antes en la tarde y habían acampado en la playa, pescando entre otras una corvina de 10 Kg, una de 8 Kg y varias de entre 2 y 3 Kg. La carnada utilizada fue el nape, que sacaron en Huasco y utilizaron hasta que se les acabó.

Me contaron que la mejor pesca la hicieron en la "piedra del auto", una playa ubicada unos 500 metros al Norte, con orilla de piedras, pero con un gran sector de arena hacia el norte.

Los dejé ahí y con la seguridad que habían corvinas, continué a pata hasta la "piedra del auto", y me ubiqué en el sector con más arena, en un correntón que prometía. Estábamos con el mar bajando cuando al frente mío, divisé una cola, a no más de 5 metros de distancia. Empecé lanzando mi rapala blanca con cabeza roja, seguí con la pejerrey, continué con la sardina y terminé con la amarilla con lomo celeste.

No pasó absolutamente nada. A diferencia de otras veces, en que puede que no anden corvinas, ahora tenía la certeza que si andaban, y circulaban por donde mismo iban dirigidos mis lances. Frustrado por el resultado, decidí lanzar más lejos, por lo que cambié a chispa, tampoco capturando nada. Seguí viendo colas y algunos lomos, pero no hubo caso. Hasta les tiré una mosca de mar por si acaso, pero no...

Entonces, cabe cuestionarse, ¿es la corvina que no quiere, o es el pescador, que no sabe?.

Humildemente, pienso que hay más de lo segundo que de lo primero. Pero, ¿cómo se resuelve el tema?. ¿Qué hay que hacer para convencer a las corvinas para que tomen el señuelo?

Me parece que la respuesta a esa pregunta la da la experiencia.........

................Y espero tenerla pronto.

Mientras tanto, las corvinas pueden tomar vacaciones....

domingo, 16 de diciembre de 2007

CUANDO TODO LO QUE PUEDE SALIR MAL, SALE MAL

Habíamos preparado la salida de pesca para el día Sábado 15 de Diciembre a una playa que nos habían contado era muy buena , pero quedaba lejos, el camino era malo y por último, había que caminar mucho.

El día Viernes 14, mi amigo José me avisó que no podría ir conmigo por un problema familiar. Puesto que era él quien sabía de como llegar y otros detalles, me vi enfrentado a cambiar el destino de viaje a otro lugar conocido, o bien partir a la aventura.

Recordé que en dos ocasiones anteriores fui a pescar a la playa La Laguna (Totoral), distante 75 Km de Huasco al Norte, y en ambas ocasiones, a pesar de la lejanía, me encontré con un ejército de pescadores. Este pensamiento rondó por mi cabeza un buen rato. Finalmente, primó el espíritu de aventura y decidí partir al día siguiente a Playa Los Bronces, ubicada a 30 Km al Sur de Huasco.

Puesto que la bajamar estaría a las 9:30 horas, decidí partir temprano y aprovechar el repunte de baja, que siempre me ha dado satisfacciones para el lenguado.

El día Sábado, desperté a las 7 de la mañana, tarde para la hora que quería salir. Partimos mal el día pensé, parece que va a ser de aquellos días en que todo parece salir mal.

Yo soy de aquellos que cuando sale a pescar, sale por todo el día, de modo que igual partí relajado, pensando que mi oportunidad estaría a partir de 3 horas antes de la pleamar, que era a las 15:30 horas.

Pasado Freirina y antes de llegar a Huasco Bajo, hay una indicación ue señala el camino a Los Bronces. Se trata de un camino de tierra cuyos primeros 15 Km son regulares a malos y con señalización caminera. No obstante, después el camino deja de tener señalización y las curvas, ancho del camino y visibilidad de las subidas, está absolutamente fuera de norma. El sector más alto del camino es muy malo, con rocas que asoman y que un vehículo normal probablemente no podrá sortear. Pasado este tramo, el camino se ensancha y pasa a ser comparable con la ruta costera (al Norte de Huasco). Sin embargo, un poco más adelante y hasta llegar a Los Bronces, el camino vuelve a ser malo.

Llegué al caserío de Los Bronces a las 9:30 horas, ubicado en una vasta extensión de borde rocoso y traté de encontrar el acceso a la Playa Los Bronces, encontrando solamente una huella que subía por las dunas.

Al devolverme al caserío, conversé con una persona que me dijo que parece que al Sur había una playa, que no conocía y que se podía llegar solamente en doble tracción. Al Norte me dijo, está la Playa Tontonado y después de esa hacia el Norte la PLaya Aguada de Tongoy, pero que había que entrar devolviéndose por el camino de afuera.

Finalmente, decidí partir a la Playa Tontonado. Pregunté si había camino y me dijeron que si, sin más comentario, por lo que partí en la camioneta Chevrolet DMax tracción simple y avancé por un camino pedregoso, con sectores algo blandos. De pronto, me ví enterrado hasta las masas en un arenal que a simple vista no era tal. Estuve como 45 minutos tratando de salir, hasta que decidí a ir a buscar rescate. Mientras caminaba los 2 Km que distaba al poblado, pensaba que efectivamente, era de aquellos días en los que todo lo que puede salir mal, sale mal.

Más adelante, encontré a dos personas trabajando en las algas y les pedí que me rescataran. Al cabo de un tiempo me llevaron en un camión 3/4 y después de varios intentos pude safarme. No obstante, tuvieron que remolcarme más de 150 metros del lugar donde quedé atrapado. Analizando la situación, me di cuenta que gran parte del camino era un gran arenal y que había sectores en los que se habían colocado piedras para hacerlo más transitable.

Dejé la camioneta enfilada hacia el lado sur, para asegurar en la tarde una salida sin quedarme pegado, y me dispuse a poner el wader y armar la caña. Miré la hora y ya eran las 12 horas. Al mirar lo golpeador que estaba el mar pensé nuevamente que parece que era un mal día.

En vista de todos los problemas, partí intentando en la Playa Tontonado pero, a pesar que no había viento, el mar seguía muy malo. Inicié los lances con la armada "changuera", de 30 gramos y pejerrey de mar. No pasó nada.

Entonces, me vi enfrentado a devolverme caminando, tomar la camioneta , e intentar llegar por fuera a la playa Aguada de Tongoy, o bien, continuar con la aventura y seguir a pie hasta esta playa. Como ya estaba en ésto, no me podía ir más mal, así que segui caminando hasta que se terminó la playa Tontonado y subí por una huella de arena hasta llegar a un alto, desde el cual por fin pude divisar una playa que prometía.


Playa Aguada de Tongoy, vista desde el extremo sur.



Al llegar a la playa sin embargo, me dí cuenta que el mar estaba tan malo que no se podían detectar los pozones, puesto que las olas eran muy grandes y no tenían un período fijo. Esto provocaba que de repente el mar se recogía y después reventaba con fuerza, para después continuar con otro tipo de olas. En resumen, había un desorden de olas que finalmente se traducía en una fuerte turbulencia.

Seguí lanzando, pero tuve que cambiar a una armada normal, con 50 gramos, para luchar con la corriente. Seguí intentando hasta que llegué al final de la playa y como no pasó nada, saqué algunas fotos, comí algo y seguí meditando aquello de que era un mal día. En fin, ya habían pasado dos horas de la pleamar así que me dispuse a devolverme. En eso estaba cuando me di cuenta que el mar a pesar de seguir con olas muy grandes, estas tenían un período fijo. Es decir, existía un ritmo constante de reventones y resacas, dejando un sector de pozones claramente visible.

Fue entonces que en unas de las tantas resacas, divisé a corvinas "coleando" y no cambié a "Rapala" como otras veces, sino que seguí con pejerrey. No pasó nada en ese lugar, cosa que no me exrañó puesto que nunca antes había sacado una corvina con pejerrey, así que seguí avanzando hacia el sur y más o menos al centro de la playa lancé una vez más, buscando un lenguado. Recogí la línea hasta tensar, cuando en eso sentí un fuerte tirón y una cargada, y enseguida me empezaron a sacar línea.

Un lenguado pensé, ya que se fue hacia adentro y se quedó estacionado. Traté de recoger línea pero no pude enrrollar nada ya que era como estar atrapado en una roca. Esperé unos segundos cuando esta vez sentí una corrida hacia la izquierda y ahí supe que era una corvina. Posteriormente sentí una corrida a la derecha, y otra nuevamente hacia adentro. Con un poco de paciencia y aprovechando la corriente hacia afuera, fui recuperando y perdiendo línea sucesivamente, hasta divisar la aleta dorsal y la cola de un pez que asomaba entre las olas. Efectivamente,..... ¡era una corvina!

Finalmente, después de media hora de trabajo, y ayudado por una gran ola, pude sacar la corvina a la playa. Midió 70 cm y llegó casi sin vida. Perfectamente se pudo soltar, ya que venía enganchada por el costado derecho de la boca, en una zona blanda.

Corvina de 70 cm y 5.5 Kg, sacada con caña Exquisite Graphite MMC 902 de 2.70 m, carrete Quantum SLC5 , línea Damyl 0.35 y anzuelo Mustad #7 pata larga

Detalle de como venía enganchada la corvina


Puesto que normalmente, yo suelto lo que pesco, la llevé al agua para oxigenarla, pero no reaccionó, así que tuve que llevármela.

Al final, caminé como 3,5 Km con la corvina de 5.5 Kg asi que llegué muerto. En el camino, el fanático hice un descanso y enganche un lenguadito de 35 cm., que esta vez si devolví sano.

Entonces, emprendí el regreso, demorándome una hora hasta llegar a la camioneta. En el camino me fui meditando que este día en el que todo lo que podía salir mal, salió mal. Bueno, casi todo.....


Yo y la corvina




miércoles, 12 de diciembre de 2007

Y ERA VERDAD : COMO PICAN LOS LENGUADOS



En búsqueda del gran lenguado, el Sábado 9 de Diciembre de 2007, con un amigo partimos rumbo a la playa La Laguna, ubicada 75 Km al Norte de Huasco. Aunque un poco alejada, la configuración de la playa y los resultados obtenidos semanas anteriores, hacían presagiar una buena pesca.

Llegamos un poco antes de las 8 de la mañana ya que la llena era a las 10. Sorpresa nuestra al encontrar a 6 pescadores en plena acción. Mientras armábamos nuestros aperos, uno a uno se fueron retirando y todos nos decían ....¡ ni una sola picada!.

Porfiados, como buenos pescadores, nos quedamos y probamos y probamos y nada. Mi compañero José con chispa, sacó un lenguadito y un pesado pez guitarra, de como 5 Kg. Ambos se devolvieron al mar; uno por chico y el otro por fome.

Nunca tan porfiados, decidimos posteriormente explorar los alrededores, llegando finalmente a la playa Los Pozos. Esta playa en general con mucho huiro dejaba no obstante algunos sectores despejados, donde lanzamos nuestras armadas.

Nuevamente intenté con carnada de pejerrey de mar, a la cual le había cortado la cabeza con tijeras y amarrado debidamente al anzuelo. Como al quinto intento, casi al llegar a la orilla, pude ver que un pequeño lenguado seguía mi carnada. Disminuí la recogida y el lenguado inmediatamente subió y tomó el pejerrey. Enseguida bajó al fondo y se ubicó mirando hacia el mar mientras se tragaba el pejerrey. Al cabo de unos instantes, tensé la línea y lo clavé, tras lo cual se produjo una corta lucha.

Después de sacarle el anzuelo y oxigenarlo un rato, lo devolví al mar. Esta experiencia, que pude observar debido a la extraordinaria transparencia y a la quietud de mar en ese instante, se repitió dos veces más.

Y es por ésto que puedo decir con autoridad : ....Y era verdad, los lenguados se instalan a tragar la presa por lo que hay que darles tiempo antes de clavarlos.